Sí, fue Claudia

Comenzaré por pun-tua-li-zar que no soy parte del que ahora llamamos “partido oficial”. De hecho, hay muchas cosas en él que a mis ojos son extremadamente criticables… así como las tiene el partido azul (que es el peor) y el tricolor. Y quizá pueden llamarme “chairo”, probablemente muy en el fondo lo sea y esto me tiene sin cuidado, pero reconozco y sin vergüenza que fui uno de los 35 millones 923,669 votantes que confió en Claudia Sheinbaum Pardo, hoy presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Me guste o no —evidentemente me gusta—, nos guste o no: la presidente de todos las y los mexicanos.

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Durante toda esta —histórica en sí misma— jornada he escuchado de boca de mis colegas periodistas señalar sin cansancio que es “la primera mujer presidenta”. La propia doctora Sheinbaum ha nombrado durante su toma de protesta aquello que por años se ha peleado por visibilizar: las mujeres que existen y resisten en este país.

Pero NO, no se trata de que sea mujer. ¿Ahora la vamos a responsabilizar por todo lo que suceda en nuestro país como si todo estuviera en sus manos? No olvidemos que, en el sentido estricto, el poder emana del pueblo y debería ser nuestra responsabilidad estar atentos a aquello que mueve los hilos y que nos cruzan en todas las áreas de nuestra vida.

… fuimos todos los que más que esperar “otro piso”, esperamos —con esperanza— otra forma y revolución.

Que sea presidentA —sí, con A aunque a los ancianos de la RAE se les safen los ojos de sus cuencas— en una nación violentamente machista es en sí mismo un reto para la doctora Sheinbaum (amo el permiso que el periodismo se ha dado para nombrarla con todo y grado académico). Naturalmente en un ambiente de conveniencias, amiguismos y contratos como lo es el político (y que impacta el social) aquellos quienes ostentan el poder hegemónico deberán —espero— doblar las manos ante la mujer que ahora es la máxima líder  y quien, además, no ha llegado sola, sino con todas las mujeres de una nación que había decidido mantenerlas en puestos de baja autoridad para cumplir con la cuota y que también las mantiene como receptoras de la violencia producto de la frustración procedente de una masculinidad enferma.

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No es porque sea mujer. Hace historia por quién es. Títere o no, cómplice o no, libre o no, todo parece indicar que la doctora Claudia llega a la presidencia de la República no a “construir el segundo piso de la cuarta transformación”. Lo contrario. La también científica apunta a mostrarnos una nueva forma de gobernar con ojos bien abiertos y plena atención al detalle, pero con brazos abiertos para que por medio de la justicia restaurativa ahora todos y todAs nombremos aquello que históricamente habíamos ignorado (y violentado): lo femenino.

No es que sea mujer. Es que es Claudia. Es que claramente no teníamos una opción viable y el pueblo la eligió, obviamente podríamos estar narrando otro momento bajo otros “valores”, otras “creencias”, otros «colores» y otros “beneficios”. La también académica promete, incluso bajo la sombra de su predecesor, revolucionar la vida pública de nuestra nación sin promesas vacías como la de “abrazos, no balazos”.

Reflexionaba esta mañana y estoy seguro que la nación y la historia se encargarán de juzgarnos. Mientras esto sucede, sí, ¡fue Claudia!… y fuimos todos los que más que esperar “otro piso”, esperamos —con esperanza— otra forma y revolución.

La propia doctora Sheinbaum ha nombrado durante su toma de protesta aquello que por años se ha peleado por visibilizar: las mujeres que existen y resisten en este país.

Nos queda confiar, participar y esperar que en cinco años y medio —cuando de nuevo nos veamos en las urnas— la polarización política tenga un camino más claro basado en datos duros y no en la fe o los colores de aquellos que todo el tiempo en todas partes somos menos que alguien.

Hoy fue Claudia. Ya veremos mañana.

Pitufresas

Cada vez estoy más necesitado de escribir y escribir y escribir.

Recientemente me llegó un proyecto PODEROSO que me tiene muy emocionado porque la idea es escribirlo desde el corazón pero también bajo estricta revisión y redacción periodística. Pensando en algo de lo que acabo de escribir, descubro en este proyecto la importancia de nombrar. ¡Nombremos!

… ojalá pudiera decir esto de mi tesis de Especialidad, pero ya les hablaré de eso después.

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